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5 maneras en que tu cerebro puede frenar tu crecimiento.

El cerebro humano es muy eficiente, buscando reducir incertidumbres, ahorrar energía y protegernos de amenazas, lo cual fue clave para la supervivencia. Sin embargo, en el aprendizaje y desarrollo profesional, estas capacidades pueden convertirse en obstáculos.

Aprendizaje y mentoría

Si aprender fuera solo una cuestión de inteligencia, desarrollar nuevas habilidades sería mucho más fácil de lo que realmente es. El problema es que nuestro cerebro no está diseñado únicamente para aprender. También está diseñado para protegernos. Y, en ocasiones, ambas funciones entran en conflicto.

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1. Las rutinas defensivas: cuando protegernos se vuelve más importante que aprender

El investigador Chris Argyris observó que las personas desarrollamos "rutinas defensivas": comportamientos que nos ayudan a evitar la incomodidad, la vergüenza, la crítica o el cuestionamiento de nuestras ideas. El problema es que esos mismos mecanismos pueden bloquear el aprendizaje. 

Imagina un proyecto que no obtuvo los resultados esperados. En lugar de analizar con honestidad qué decisiones contribuyeron al resultado, el equipo atribuye el problema al contexto, al presupuesto o a factores externos.

Nadie está mintiendo.

Simplemente resulta más cómodo proteger la propia imagen que examinar errores que podrían ser difíciles de reconocer.

Las rutinas defensivas cumplen una función: nos protegen del malestar. Pero también pueden impedirnos aprender de la experiencia.

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2. El sesgo del statu quo: preferimos lo familiar más de lo que creemos

La investigación ha documentado una tendencia conocida como sesgo por el statu quo: nuestra inclinación a preferir aquello que ya conocemos o percibimos como la opción por defecto, incluso cuando existen alternativas potencialmente mejores.

Por eso no siempre es fácil cambiar de rol, adoptar una nueva forma de trabajar o aprender una habilidad diferente.

Lo conocido ofrece una sensación de seguridad.

Lo desconocido exige esfuerzo, adaptación y tolerancia a la incertidumbre.

Muchas veces no rechazamos una oportunidad porque sea mala.

La rechazamos porque representa un cambio.

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3. El sesgo de confirmación: vemos más fácilmente aquello que confirma nuestras creencias

Aprender no consiste únicamente en adquirir información nueva.

También implica estar dispuesto a cuestionar aquello que creemos cierto.

Aquí aparece otro obstáculo frecuente: el sesgo de confirmación.

Las personas tendemos a buscar, interpretar y recordar información que respalda nuestras creencias existentes, prestando menos atención a aquella que las contradice.

Por ejemplo, alguien que está convencido de que delegar no funciona recordará con facilidad las ocasiones en que otra persona cometió un error, pero podría pasar por alto todas las veces en que la delegación funcionó correctamente.

Lo mismo ocurre cuando creemos que:

  • no estamos preparados para un desafío;

  • no somos buenos para hablar en público;

  • una determinada forma de trabajar es la única correcta;

  • nuestro equipo no está preparado para asumir más responsabilidades.

Cuando una creencia está muy arraigada, a veces resulta más fácil reinterpretar la realidad que revisar la creencia.

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4. La incertidumbre se parece más a una amenaza de lo que imaginamos

Una de las ideas más interesantes de la neurociencia moderna es que el cerebro busca constantemente reducir la incertidumbre.

Diversas investigaciones muestran que las personas no solo somos adversas al riesgo; somos especialmente sensibles a la ambigüedad, es decir, a aquellas situaciones en las que ni siquiera sabemos cuáles son las probabilidades de éxito o fracaso. 

Cuando enfrentamos escenarios ambiguos, sistemas cerebrales relacionados con la detección de amenazas pueden activarse, haciendo que la incertidumbre resulte especialmente incómoda. 

Por eso la "huida" en el mundo laboral rara vez consiste en escapar físicamente.

Suele verse así:

  • seguir preparándose en lugar de actuar;

  • no postular a una oportunidad atractiva;

  • evitar una conversación difícil;

  • esperar sentirse completamente preparado/a;

  • retrasar decisiones importantes.

Muchas veces no escapamos del fracaso.

Escapamos de la incertidumbre.

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5. El cerebro intenta ahorrar energía

Pensar, aprender, cambiar hábitos y desarrollar nuevas capacidades requiere esfuerzo.

Y el cerebro es extraordinariamente eficiente administrando recursos.

Siempre que puede, automatiza conductas, reutiliza patrones conocidos y reduce el gasto de energía mental.

Por eso aprender algo nuevo suele sentirse más difícil que seguir haciendo lo que ya sabemos hacer.

No necesariamente porque nos falte capacidad.

Sino porque aprender exige atención, práctica, tiempo y energía.

Paradójicamente, esa sensación de esfuerzo que muchas veces interpretamos como una señal para detenernos puede ser precisamente una señal de que estamos desarrollando una nueva competencia.

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Una pregunta para reflexionar

Ninguno de estos mecanismos es un defecto.

Todos cumplen una función importante. Nos ayudan a protegernos, a conservar energía y a movernos en un mundo complejo.

El desafío es que aquello que nos protege también puede limitar nuestro crecimiento.

La próxima vez que descartes una idea, una oportunidad o una conversación importante, quizás valga la pena preguntarte:

¿Estoy tomando esta decisión porque realmente es la mejor opción o porque una parte de mí está intentando protegerme de la incomodidad, la incertidumbre o el esfuerzo que implica aprender?

La respuesta podría enseñarte algo importante sobre tu propio desarrollo.

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Referencias​

Argyris, C. (1993). Sobrepasar las defensas organizacionales: cómo facilitar el aprendizaje organizacional. Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Edmondson, A. (2019). La organización sin miedo. Samuelson, W., & Zeckhauser, R. (1988). Status Quo Bias in Decision Making. Fleming, S. M., Thomas, C. L., & Dolan, R. J. (2010). Overcoming Status Quo Bias in the Human Brain.

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